El hombre que quiso ser mujer


En el bar que está en la esquina de la casa de Ricardito, quién tiene 47, pelo tupido en el pecho, brazos, piernas y barba, uno se puede enterar de todo lo que ocurre en el barrio y ahí mismo, es donde los próceres del barrio cancherean con sus logros, cuentan anécdotas y ríen de historias imposibles.
Habían pasado 3 meses del cumpleaños 42 de Ricardito y en el bar empezaron a preguntarse qué era de la vida de su joven vecino. Nadie hizo comentario alguno pero sí hubo miradas que se decían que no era el momento de comentar nada.
Cuando faltaban 2 meses para el cumpleaños 43 de Ricardito, alguien había llevado unos piscos a la peña de los martes que se hacía en el bar de la esquina, así que picaron y cenaron bebiendo la espirituosa bebida blanca.
Ya muy entonados los próceres del barrio preguntaron por Ricardito y ésta vez no hubo miradas cómplices. Juan Carlin, amigo de Ricardito y humano de muy buen beber dijo que una vez había pasado por la casa y había visto a Ricardito probándose una tanga roja frente al espejo del living. Poroto, uno de los próceres, alzó la vos y  añadió que desde su terraza había visto a Ricardito pintándose las uñas de color turquesa.
Todos estaban asombrados pero a su vez todos habían visto alguna que otra travesura de Ricardito. Como El Caudillo, otro de los próceres, quién dijo que su esposa, le había contado que Ricardito se había ido a depilar a lo de Esther pero que al primer tirón cerca de las bolas, Ricardito se fue corriendo y abandonó la sala depilatoria.
Ya eran las 3 de la mañana, los próceres y el resto de los muchachos seguían bebiendo, al grito de “quien dice uno dice dos” y así sucesivamente.
Ya iban por “quien dice 334 dice 335” cuando entró Ricardito, de alpargatas, bermuda y camiseta de bretel. Silencio atroz, miradas cómplices, intentos por cambiar de tema pero era indisimulable la situación.
Ricardito se sienta, pide un whiskey doble y dice, si señores, yo hice todo lo que dicen. Termina su whiskey, se pide otro y otro y al 5 entran 3 mujeres al bar, una morocha, una rubia y una colorada, se acercan a Ricardito y se lo llevan.
La mayoría coincide en que Ricardito es un puto reprimido pero ese rumor no se escucha en el bar de la esquina porque cuando cumplió los 43, Ricardito pasó a integrar la mesa de los próceres.

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