Cuando Chapita cumplió 50 años, se propuso dejar el alcohol.
Se había dando cuenta que su vida no podía seguir en un estado que no le permitía
recordar lo que pasaba a su alrededor. Su mujer, ya casi resignada, no emitía opinión,
tenía la suerte que Chapita no era un borracho violento. Los hijos, ya vivían
en otras ciudades y venían poco. Chapita, ya no necesitaba ese aliado que había
corroído su hígado.
A partir de los 50 empezó a cambiar sus hábitos, en lugar de
desayunar un vino tinto, desayunaba café fuerte con criollitas. En el almuerzo,
ya no descorchaba una damajuana, solo bebía agua fresca o jugo de naranja. A la
tarde, había cambiado el cajón de cerveza por 4 termos de mate. A la tardecita,
en lugar de pasar por el boliche, se iba para alcohólicos anónimos para
conversar un poco con los colegas de adicción. Salía de ahí, no sintiéndose muy
bien pero de todas maneras el sentía que iba por el buen camino.
Todos los borrachos,
tienen sus anécdotas llenas de acciones absurdas pero también llenas de
inteligencia. Estaba el que había perfeccionado la técnica para mear andando en
bici, el que explicaba como mear sin dejar de caminar, el que sostenía que el
mejor compañero de un borracho es el caballo donde el animal es tan fiel a su
dueño, que se agacha para que se suba y sin indicación alguna lo lleva hasta su
casa, algunos sostenían que había que pegarle a la mujer, para que sepan quién
manda, obvio que no todos compartían pero las reuniones de alcohólicos anónimos
no eran el lugar para juzgar.
En una de esas reuniones, Chapita, tomó la palabra. Hacía
casi un mes que no iba pero tomó coraje y a pesar que las primeras palabras
salían con dificultad, él contó su reciente historia. El fin de semana había tenido
una recaída, eran fechas próximas a fin de año y es muy fácil tentarse y más en
los asados de pueblo donde las damajuanas se abren y se vacían con cada respiración.
Igualmente, él había adoptado el hábito de llevarse unas botellas de Liberty a
cada asado que iba, él necesitaba imperiosamente sentir el sabor de una buena
cerveza y ésta era la mejor opción. Aquella vez se tomó sus 3 botellas de
cerveza sin alcohol y después siguió con la damajuana de vino bowen. El truco
estaba picante y su paladar muy sediento. Esa noche terminó desmayado sobre la
mesa. Los amigos, lo llevaron a la casa y a Mirtha, la mujer de Chapita, simplemente
le dijeron se nos mamó.
Al otro día, Chapita y Mirtha tenían que viajar a Villegas
para visitar a su hija. Chapita se levantó bien, primero hablo con Mirtha, pidió
disculpas y luego llamó a sus amigotes, para hacer lo mismo.
A las 4 de la tarde, salieron en su falcon gris. Tenían un
viaje de 200 km, tardaron casi 3 horas y Chapita llegó borracho.
Al próximo fin de semana, viajaron a Los Toldos, para
visitar primos. Chapita, salió sin una gota de alcohol pero llegó borracho.
Ninguno de sus allegados, podía descubrir el misterio.
Chapita salía en perfecto estado y llegaba totalmente alcoholizado. Mirtha, no tenía
idea de lo que pasaba y ni siquiera ella, que era la acompañante podía develar
el misterio.
Cuando Chapita, contaba los hechos, iba preguntando a sus
colegas de adicción, si podían debelar el misterio, si podían descubrir el cómo
de tales acciones. Al ver que nadie tenía la respuesta, Chapita, prosiguió con
la historia y dijo develando todo misterio que él sabía que diciembre era un
mes de poca lluvia, por ende el agua que estaba en el depósito para limpiar el
parabrisas del auto, estaba de gusto. Entonces, para cada viaje, se tomaba el
trabajo de vaciar ese depósito, llenarlo de vino y unos hielitos, y así llevaría
vino sin que nadie se de cuenta y para ir tomando durante el viaje,
simplemente, aprovechaba sus conocimientos de mecánica y la ignorancia de
Mirtha para hacer que en plena ruta el auto se frenara de golpe, obligándolo a
parar en la banquina, luego abría el capot y agarrando la manguerita del depósito
de agua empezaba a chupar hasta que el fresco liquido rojizo llegaba a su
sediento paladar. Obviamente, repetía el método varias veces.