El hombre que se creyó Dios

Mariano cumplía años y los cumplía el mismo día que venían a dar un recital dos de las bandas de rock que más le gustaban.
Ya hacía 6 meses que había comprado las entradas y aprovechando la ocasión hizo alguna que otra humorada con respecto al lugar y al festejo. Nunca antes, un recital de ésta magnitud había caído para el cumpleaños de alguno de sus amigos, obviamente era una fecha doblemente especial.
Un dato a tener en cuenta, es que de 26 cumpleaños, en 21 había llovido. Y el cumpleaños número 27 no iba a ser la excepción.
Ya en el recital de los artic monkeys y luego de escuchar y bailar durante la mitad del show, se descuelga una llovizna que se fue haciendo cada vez más y más fuerte hasta casi caer torrencialmente.
En un momento, Mariano, ya cansado de ésta lluvia impertinente, decide realizar una plegaria, en la cual pedía que cesara la lluvia. De repente, la lluvia paró, él lejos de sorprenderse, canchereó y mientras pensaba las palabras más poéticas para decirle a su novia que él había parado la lluvia y casi al mismo tiempo en que empieza a modular, arranca la lluvia más intensa, feroz y torrencial que le haya tocado vivir.
La lluvia no paró durante una hora, en esa hora mucha gente se fue, incluidos sus hermanos y su novia.
Al momento de quedarse solo, sintiendo como el agua había inundado sus zapatillas de lona, llegó a éste pensamiento, Dios existe y no quiere competencia, por eso a Maradona, le presentó la droga.

El hombre invisible


Se llamaba Roberto y la última vez que se supo de él, tenía 24 años, había nacido el 13 de enero de 1985, el lugar, no tiene importancia. El negaría su ciudad de origen para que no rastreen a su familia, por miedo a los medios.
Algo sabido es que vivió largos años en Rosario, Mendoza y Buenos Aires.
Su vida, siempre transcurrió por las noches, nació a las 23 hs., dijo su primer palabra a las 22 hs., aprendió a caminar pasadas las 21 hs., pidió la teta 00:15 y varias cosas más. Por ejemplo, gracias a él se abrió el primer jardín de infantes con horarios nocturnos.
Se podría decir que su vida se desarrollaba desde que atardecía hasta que amanecía, el resto del día se lo pasaba durmiendo o encerrado en su cuarto, el cual, era muy oscuro porque solo dejaba abierta la última rayita de la persiana. Esa era toda la luz natural que Roberto podía soportar. Obviamente, también le molestaba la luz artificial, así apedreó las luces de la calle, aprendió cuales eran las calles más oscuras, el bario más oscuro. Roberto, era capaz de cruzarse de vereda si por la que iba era menos oscura que la otra.
Una noche de julio, tras una larga y fuerte tormenta, la ciudad de Rosario quedó a oscuras durante una semana, fue ahí cuando Roberto conoció su poder especial y se perdió en la oscuridad o tal vez solo se convirtió en invisible.
Al poco tiempo, algunas personas dicen que alguien sigue rompiendo los faroles de la calle pero que no ven a nadie, salvo una especie de sonrisa flotando por sus veredas.

El hombre que se creyó Indiana Jones

Año 97, Escuela Normal Abraham Lincoln. Raúl, alias Rauli, entra a la escuela a las 13 horas. Parecía un día normal pero lo que Raúl y sus compañeros no esperaban, era conocer a Indiana Jones.
14:20 de la tarde, entra la preceptora al salón, le comenta algo en voz baja a la profesora, ésta se levanta e invita a pasar a Indiana Jones, quien llevaba sombrero de cuero marrón, camisa abierta mostrando orgullosamente su bello pectoral y un látigo a la cintura.
Indy, se para frente a todos y empieza a contar anécdotas de sus aventuras por los siete mares y los 6 continentes, hasta llegar a la anécdota más sorprendente, resulta que Indy y su expedición, bajaron al Titanic y recogieron algunas cucharas del famoso barco hundido, sin olvidar el pequeño detalle que lo hizo buceando.
Todos los púberes, incluso Raúl quedaron estupefactos ante tan imponentes anécdotas.
Una vez que Indy se va, la profesora les cuenta que a las 17:30 horas, el Señor Indiana Jones, dará una charla en la biblioteca para quien quiera asistir.
Ya en la biblioteca, Raúl y su grupito de amigos, esperaban ansiosos el comienzo de la charla, obviamente querían escuchar más maravillosas aventuras.
Otra vez, Indy relata sus aventuras agregando detalles a cada historia, en este caso muestra una cuchara bastante diminuta que al parecer se había hundido con el Titanic y él la había recogido con sus propias manos. Luego, siguió contando otras anécdotas, hasta que llegó a la vez que escaló el cerro Fitz Roy en la Patagonia Argentina. Es sabido que éste cerro es muy difícil de escalar porque su pico esta formado por una roca gigante pero él había logrado llegar a la cima y envalentonado con semejante hazaña desliza el detalle que en la cima se tuvo que quedar de mangas cortas porque hacía calor y según él hacia calor porque estaba más cerca del sol a lo que una profesora contesto, lo que usted acaba de decir es una pavada e Indiana Jones, paso a ser Roberto González.