Todos pasamos por nuestra vida soñando
tener el trabajo que tiene el otro. A veces el ingeniero se lamenta y dice
porque no seré albañil, aunque cuando siente su billetera gorda en el pantalón,
se retracte. También pasa al revés pero el albañil no siente la billetera, solo
siente a la patronal que lo defiende.
En general, uno desea lo que no tiene.
Quisiera pintar como Warhol pudo haber dicho Fontanarrosa o escribir como
Fontanarrosa pudo haber dicho Warhol. Messi tal vez quiera tener la velocidad
de Bolt y Bolt el talento para jugar al futbol de Messi. Todos tenemos nuestro
momento para querer lo que el otro tiene. Pero Juan, tiene una enfermedad que
nadie quiere tener. No es nada grave, simplemente un síndrome que le permite
retener infinidad de contraseñas y traducir asteriscos a la clave original.
Menuda capacidad dirán ustedes, quisiera
tener ese poder dirán otros, volviendo a lo expresado en el párrafo anterior.
Pero sigamos.
Cuando el boom de la internet se dio,
Juan vio la oportunidad de pedir trabajo en Hotmail, convenció a todos que él
era más seguro que una computadora para albergar las claves de millones de
usuarios y así fue. Desde principios de los 90s hasta hoy, Juan trabaja para la
compañía de correos electrónicos.
Entonces, cuando vos ponés tu clave para
entrar a tu mail, es Juan quien te habilita a entrar. Si la escribís mal, es
Juan el que se da cuenta que sos un boludo que apretó dos teclas al mismo
tiempo pero solo te dice que la escribas de vuelta. Y esas veces que Hotmail te
dice que no podes entrar a tu mail, no es el verso de que se cayeron los
servidores, es Juan que la noche anterior salió de parranda y tiene una resaca
espectacular, que lo hace llegar tarde al laburo, interrumpir su trabajo para
ir corriendo al baño o caer dormido sobre el escritorio.
También, logró tener otro curro y hace
trabajos freelance para empresas de software que hacen programas que generan
claves y es él quien hace las mejores combinaciones, por ende, cuando usas este
programa, estas copiando una clave que ya la sabe otra persona, él.
Hoy en día, Juan gana muchísimo dinero,
piensen lo que valen hoy las contraseñas y si un sitio las pierde todas, pierde
a todos sus usuarios, por ende, la compañía cierra y a nadie le conviene. Así
que el sueldo de Juan tiene varios ceros. Pero como Juan no tiene un pelo de zonzo
se encarga de donar una parte a una fundación que trata a chicos con el mismo
síndrome que él. No para hacer un bien a la sociedad, si no para proteger su
trabajo porque él, si ama lo que hace.