El hombre que abandonó a su familia



Mariano, era descendiente de suecos, tenía 28 años, era piloto de aerolíneas argentinas, vivía en flores y estaba muy enamorado de Lucia. Tal es así, que un 24 de noviembre, le propuso casamiento.
Lucia, era descendiente de rusos, tenía 28 años, era 4 meses más chica que Mariano, era licenciada en economía, vivía en Almagro y estaba muy enamorada de Mariano. Tal es así, que un 24 de noviembre, ella aceptó casarse con él.
La fecha que eligieron para el casamiento era el 15 de octubre del año siguiente. Así, tendrían tiempo para organizar la fiesta, decidir en qué lugar hacerla, a quiénes invitar, qué comer, qué bailar, qué tomar y en qué iglesia casarse.
Los padres de ella, pagaron el salón. Los de él, pagaron la fiesta. Los de ella, les regalaron la casa. Los de él, el auto. Los amigos de él, les regalaron la luna de miel. Las amigas de ella, le regalaron dólares para la luna de miel. Todo era perfecto, ni en los sueños más remotos las cosas eran así, ni siquiera combinando los sueños de ambos, las cosas eran así.
La fecha se aproximaba, y llegaron las despedidas de solteros. Fueron 3 en total, 2 individuales y la otra mixta.
Los amigos de Mariano, se juntaron en un departamento, compraron mucho alcohol y poca comida. A las 0 horas, sonó el timbre. Mientras uno bajaba a abrir, los otros, ataron a Mariano y le vendaron los ojos. A las 0:30, Mariano estaba sentado, con los pantalones bajos y tres personas acariciándolo. Mientras los amigos se reían, el pene de Mariano se iba endureciendo. En un instante, las 3 personas que bailaban a su alrededor, empezaron a besarlo, de a una por vez y Mariano tenía que elegir que besos le gustaban mas. Eligió que una se quede besándole el cuello, otra las bolas y la tercera el pene. Cuando los amigos le sacaron la venda, tenía un hombre besándole el cuello, un travesti besándole el pene y una mujer besándole las bolas.
Las amigas de Lucia, se juntaron en un departamento, compraron mucho alcohol y poca comida. A las 0 horas, partían en el trencito de la alegría. Ella tenía puesto el disfraz de Sailor Moon y un collar con anillitos terrabusi, que en cada semáforo eran comidos por los hombres que frenaban cerca. A la una, estaban entrando al golden. Bailaron un poco y se llevaron dos bailarines, uno rubio y el otro negro. El trencito de la alegría siguió de paseo por la ciudad hasta que terminaron todos desnudos en el mismo departamento en el que habían empezado.
La última despedida de solteros, fue mixta, todos los amigos alquilaron una quinta, pusieron pachanga, muchas bebidas, poca comida y pasaron un fin de semana espectacular. Lo más destacable, fue que había tanta bebida, que la gente decidía emborracharse para olvidarse del hambre.
Llegó el 15 de octubre y tuvieron el mejor casamiento, con la mejor fiesta, con los mejores invitados, con la mejor comida, la mejor bebida y la mejor música. Nada pudo opacar la fiesta, ni siquiera que el DJ se haya apretado a una nena de 12 años, pudo con la buena vibra del casamiento.
Al mes, Lucia se entera que estaba embarazada. Las cosas no podían suceder de la mejor manera. Los dos tenían buenos trabajos, se amaban y la vida les sonreía dándoles un bebe. Si era varón se llamaría Mario, si era mujer se llamaría Micaela. Pasaron los 9 meses, las 36 semanas y Lucia, fue a la Maternidad SuizoArgentina para tener al primogénito. Mariano presenció el parto pero él no quería ver como de uno de sus lugares favoritos salía su primer hijo, así que tomado de la mano de ella, acompañó y alentó cada uno de sus esfuerzos hasta que el llanto se escuchó, el doctor tomó al bebé, lo envolvió en una manta y apoyó en la pansa de ella un bebé negro. La alianza de Mariano quedó en la sala de parto.