El hombre que fajó a la mujer

Julio, Julito o July (obvio en ingles), nació un día 6 de enero de 1963. Nació y ya era parecido a su abuelo. A partir de los 3 meses, empezó a parecerse a su madre. Unos días después de cumplir los 2 años y medio, claramente se parecía al padre. A los 5, se parecía a su hermano. De su hermana no tenía nada, al menos físico. A los 10, se parecía a un amigo de la escuela. Después de los 15, se seguía pareciendo a ese amigo. Entre los 16 y los 17, se parecía a un extraterrestre. Un mes antes de cumplir los 18, era muy parecido a un dibujo animado. Cuando cumplió los 18, se parecía a un compañero de la facultad. A los 20, era parecido a ese amigo y a su amigo pampeano. A los 22, era más  parecido a su compañero de facultad, que para entonces ya era muy amigo. A penas a los 23, ya era parecido a un actor de una novela de la tarde. Cerca de los 24, era parecido a un clan de hermanos. Alrededor de los 25, ya se parecía a un actor de Hollywood. A los 26, se pareció a un actor gordo de Hollywood. Unos meses antes de los 27, de nuevo, se empezaba a parecer a su padre y pasados los 27, mientras Julio tenía sexo con su mujer, ella dijo “me hiciste acordar al amigo pampeano de tu compañero”.

El hombre que cumplió 34

Nació, lo llamaron Juan Pablo Segundo en honor al papa y por que era el segundo Juan Pablo de la familia.
Su infancia estaba marcada por una vida religiosa intensa, nunca se perdió un domingo de misa, un domingo de ramos o cualquier evento que se realizara en la iglesia del pueblo.
Fue parte del pesebre viviente, fue niño Jesús, oveja, cabra, pastor, Pedro, Baltasar, árbol, fue todo menos Maria.
También fue Jesús de Nazaret, llevó la cruz de madera alrededor de la plaza, mientras otros devotos, le pegaban con látigos ficticios, también lo crucificaron y le tiraron con una lanza, que en lugar de una punta tenía una sopapa para que haga ventosa y se quede pegada en su cuerpo.
Llevó laureles en el domingo de ramos de todas las pascuas. Comió pescado y verduras y nunca carne durante semana santa.
Pero su más resonante hazaña religiosa, fue cuando tenía unos 14 o 15 años. Como buen adolescente, iba a caer en la tentación de autoamarse. Encerrado en el baño, sentado en el inodoro y con una revista viva que en la tapa estaba Susana Jiménez, empezó la aventura de darse placer. Subía y bajaba esa intrépida mano hasta que el cosquilleo llegó y el producto salió expulsado generando una sensación de placer nunca antes experimentada. Tal vez la sensación de máximo placer que Juan había tenido fue cuando lo crucificaron y con la soga que le ataba las manos le hicieron una importante quemadura en las muñecas, que él luego soñaría con que eran estigmas. Pero en ésta oportunidad, encerrado en el baño había sentido una especie de placer que a pesar del gran regocijo, le hacía crecer demasiado la culpa.
Es así que una vez limpiada toda la escena, fue inmediatamente a confesarse con el cura Roberto, quién lo eximió de toda culpa y Juan se fue en paz. Aunque nunca más caería en esas tentaciones.
Entre los 18 años y los 32, paso su vida como misionero, esparciendo la palabra del señor por todos los rincones de Argentina y luego Sudamérica.
Como era lampiño y de poca barba, fue a Hair Recovery para implantarse la barba de Jesús y generar más confianza en su palabra.
Cuando cumplió 33, pensó que eran sus últimos 365 días para hacer las más grandes obras de caridad, salvó a un pueblo entero de la sequía, salvó a una familia de un incendio, construyo iglesias por doquier. Los días iban pasando pero él no hacía ningún milagro y el carnet para entrar al club de los 33 no llegaba.
Cumplió 34 y nada pasó.
Algunos dicen, que se cambió el nombre y es cacique en una tribu en África pero otros, creen que Dios lo castigó con una irreparable calvicie por querer ser como Jesús y no crear su propia religión.

El hombre que tenía un diente


Noche primaveral en Rosario, un grupo de amigos se juntó en una previa eterna. Pizza, cerveza e inacabables conversaciones.
Pedro, muchacho morrudo, el más grande de los cuatro, preguntó si alguien quería un chocolate, que él lo iba a comprar.
Luis, Mario y Walter, respondieron que no pero con un rotundo sos un gordo!.
La reunión fue por los caminos deseados, 1 cajón de birras, 2 pizzas y 4 horas de previa la convirtieron en una buena previa para salir sin rumbo, aunque implícitamente eso significaba ir al mismo bar de siempre, Támesis.
Por suerte, estos 4 muchachos no decían la gastada frase “la noche está en pañales” pero para cualquier otra persona, en ese determinado momento, la noche estaría en pañales.
Camino al bar, Pedro contó que a su perro Rocco, un perro muy pequeño que como hazaña más destacable realizó el acto de subirse a unos escalones para tener sexo con una perra bóxer llamada Lola, lo habían atacado 2 dogos y que lo habían abierto por todos lados y que obviamente, estaba muy jodido. Los otros 3 humanos, endiosaban a Rocco así que se sintieron muy apenados pero ya estaban llegando al bar, así que no dejaron que la mala noticia afectara a la noche.
En el bar, Luis y Mario, salieron disparados a la pista, ellos eran encaradores natos, cual pelota de básquet iban rebotando hasta convertir el punto, en cambio, Pedro y Walter, eligieron la barra, ellos eran de la clase de humanos que hablan por horas acodados en ella hasta que deciden ir a dar una vuelta para ver alguna que otra mujer solitaria o deseosa de hombres.
Luego de unos minutos de haberse despegado de la barra y casi terminando la vuelta, una mujercita pequeña, morocha y descarada, decidió convertirse al ritmo de Vilma Palma en el queso del sándwich. Ella era muy buena en el arte de calentar las pavas y ellos muy malos en el arte del deseo. Insinuaciones, franeleo, caricias, besos en los cuellos, el 2 contra 1 iba perfecto, caricias, apoyadas, apretadas, picos, manoseos, manotazos y como era de esperar, el sándwich se quedó sin queso, así que Pedro y Walter se quedaron bastante calientes y decidieron ir a tomarse una birra a un bar de Pellegrini. Unos metros antes de llegar al bar, un adolescente alcoholizado, les preguntó la hora pero ellos no llevaban ningún reloj.
Tomando la birra muy lentamente y sintiendo como el refrescante líquido enfriaba el esófago pasó el adolescente borracho y le pegó una patada a un inocente perro callejero que dormía plácidamente en el medio de la vereda y a un metro de Pedro y Walter, que inmediatamente se miraron y al segundo Walter le dijo a Pedro, le pegó al perro y medio dubitativo pero sabiendo la respuesta soltó un “vamos a darle?” y Pedro, amante de la piña, golpeó la mesa con las 2 manos y salió disparado hacia el adolescente borracho que ya les había sacado 50 metros. Corriendo lo alcanzó, y sin que el adolescente se enterara, Pedro lo agarró de la nuca y lo sorprendió con un puñetazo en plena boca, Pedro no lo soltó pero con su mano izquierda fue acompañando la caída agarrándolo de la nuca. Una vez que el adolescente cayó al piso, Pedro se convirtió en una ametralladora de puñetes, cuando Walter llegó, entre la risa que le daba la situación y la oportunidad de pegarle a un adolescente, decidió mezclar carcajadas y puñetes directos a la cara.
Llegó el cocinero del bar e intentó frenarlos pero Pedro, justificaba cada golpe con la frase “pero mira como está” y la piña o la patada llegaban al cuerpo del adolescente.
Una vez que terminó y en plena caminata de regreso a la mesa, el cocinero dijo “menos mal que no fui yo el que le pegó al perro porque si no me bajaban el diente”, sonrió y mostró su único diente, un incisivo derecho.
En la mesa, la cerveza los esperó intacta.

El hombre que se conformaba con poco


Viaje en el colectivo de la línea 110, si la capacidad de éste colectivo era 50 personas, esta vez había 85, caras de culo por doquier, gente acalorada, jubilados a punto de sufrir un sincope y Román, con una sonrisa bastante notoria en su cara.
La vida que le toco vivir a Román lo obligó a encontrar el más mínimo placer para que lo malo deje de ser tan malo o directamente que lo malo se convierta en algo bueno.
Por ahora, ninguno de sus amigos o personas cercanas saben en que piensa Román cada vez que está envuelto en situaciones problemáticas pero una vez en un bar me hizo un chiste y ahí comprendí todo. Pero para confirmar mis sospechas, solo tenía que pasar más tiempo con él y ver todos sus movimientos.
Viaje en subte, línea b, desde Medrano hasta Alem, si la capacidad de ese vagón era de 60 personas, esta vez iban 100, caras de culo feo por doquier, gente acalorada, jubilados a punto de sufrir un sincope, embarazadas teniendo antojos y Román, con una sonrisa bastante notoria en su cara.
Mis observaciones, decían que esa sonrisa aparecía cuando el estaba rodeado de gente pero lo cierto es que no veía ningún movimiento extraño como para definir exactamente el porque.
Noche de joda en Makena, si la capacidad de ese bar era de 250 personas, esta vez había 500, borrachos, borrachas, alguno que otro con bajones de presión, ojos un poco más abiertos de lo normal, gente bailando, gente chocando, gente flotando, algunos intentando engatusar a la mina de turno, otros bailando entre hombres, otras bailando entre mujeres, 4 personas tomando vino y Román, con una sonrisa bastante notoria en su cara.
Mis observaciones, ya eran suficientes para llegar a una conclusión. La primera y más obvia fue Román es puto y le gusta que lo apoyen pero quedó descartada. El camino del pensamiento y mis apuntes, no iban a tardar en mostrarme el camino correcto. Luego de notar, que esa sonrisa aparecía cada vez que la gente circulaba, llegué a la conclusión más sorprendente, Román, era feliz cada vez que alguna mujer pasaba por su lado y sin querer frotaba los senos por el codo del pervertido.