Se llamaba
Roberto y la última vez que se supo de él, tenía 24 años, había nacido el 13 de
enero de 1985, el lugar, no tiene importancia. El negaría su ciudad de origen
para que no rastreen a su familia, por miedo a los medios.
Algo sabido
es que vivió largos años en Rosario, Mendoza y Buenos Aires.
Su vida,
siempre transcurrió por las noches, nació a las 23 hs., dijo su primer palabra
a las 22 hs., aprendió a caminar pasadas las 21 hs., pidió la teta 00:15 y
varias cosas más. Por ejemplo, gracias a él se abrió el primer jardín de
infantes con horarios nocturnos.
Se podría
decir que su vida se desarrollaba desde que atardecía hasta que amanecía, el
resto del día se lo pasaba durmiendo o encerrado en su cuarto, el cual, era muy
oscuro porque solo dejaba abierta la última rayita de la persiana. Esa era toda
la luz natural que Roberto podía soportar. Obviamente, también le molestaba la
luz artificial, así apedreó las luces de la calle, aprendió cuales eran las
calles más oscuras, el bario más oscuro. Roberto, era capaz de cruzarse de
vereda si por la que iba era menos oscura que la otra.
Una noche
de julio, tras una larga y fuerte tormenta, la ciudad de Rosario quedó a
oscuras durante una semana, fue ahí cuando Roberto conoció su poder especial y
se perdió en la oscuridad o tal vez solo se convirtió en invisible.
Al poco
tiempo, algunas personas dicen que alguien sigue rompiendo los faroles de la
calle pero que no ven a nadie, salvo una especie de sonrisa flotando por sus
veredas.
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