Ésta historia sucede un día determinado, en un mes determinado, en un
año determinado y en un momento más que preciso. Pero antes debemos conocer un
poco más de Miguel Ángel, el dueño de semejante historia.
Miguel Ángel, fue el menor de 14 hermanos. 5 hombres y 9 mujeres.
Rodeado por tanta femineidad tenia ciertos conocimientos que pocos hombres tenían.
Cuando cumplió 26 años y estando de novio, fundó la Sociedad Argentina
de Defensa del Hombre. En ésta sociedad todos los martes se realizaba la reunión
de todos los socios. Empezaron siendo 10 pero rápidamente se fue corriendo la
vos y obviamente aumentando la cuota.
Para poder ser socio había que demostrar que uno estaba en pareja desde
hacía 3 años, que su mujer era psiclotímica, bipolar e histérica.
La sociedad, básicamente era un ensalada de opiniones con respecto a cómo
había que ser con las mujeres, cómo había que hablarles, tratarlas, mimarlas,
todos los datos pertinentes para que un hombre pueda tener un placentero
compromiso. De ninguna manera permitía la violencia verbal y menos aún, la física.
Si algún hombre recurría a esas herramientas, era expulsado de la sociedad, se
le pagaba el abogado a la mujer y se hacia todo lo posible para que al violento
lo encierren en el pabellón homosexual de cualquier penal.
Miguel Ángel, era el fundador, por eso cada vez que hablaba, el resto
de los socios sacaba lápiz y papel, todos sabían que él, era el que mejores
consejos daba y ese día, el 14 de Mayo de 1965 Miguel tomó el micrófono, se paró, empezó a caminar
entre las mesas y arrancó su discurso.
Miguel Ángel, empezó contando que un día, él estaba punteando la tierra
del patio para sembrar césped de golf y su mujer llegó de hacer sus cosas y se sentó
muy cerca de él y le dijo:
-
Y? cómo me ves?
-
Bien, dijo Miguel Ángel.
-
No notas nada nuevo en mi?
-
Puede ser, te cambiaste el peinado?
-
¡No!
-
Las uñas, las tenés de color!
-
¡Tampoco!
-
Entonces, no se qué te hiciste.
-
¡Siempre lo mismo con vos, un día me voy a venir
con la cabeza rapada a ver si te das cuenta de algo!
Miguel, cuenta que después de ese dialogo, aprovechó a seguir punteando
el terreno para pensar sobre lo sucedido.
Cuando terminó, decidió comprarle rosas a su mujer como pedido de
disculpa.
Cuando se acostó, no se podía dormir, pensando en lo que había pasado.
Hasta que se dio cuenta de todo y escribió su teoría, que ahora estaba
compartiendo con los socios.
Miguel dijo:
Señores, llegue a esta revelación luego de tocar fondo. Lo peor que
pude haber hecho fue regalarle el ramo de flores y lo segundo peor fue
arriesgar sobre lo que se había hecho.
Les digo el porqué amigos, nosotros los hombres, no prestamos atención a
los cambios de look. Saben el por qué? porque no nos han demostrado que es
valioso que le prestemos atención. Cuando hacemos el esfuerzo de prestar atención
y les decimos que cambio se hicieron, ellas simplemente dicen gracias, no nos
besan más porque nos dimos cuenta, no nos quieren más, no nos hacen un festejo
especial, no nos hacen un show erótico como premio al buen desempeño. Entonces,
nosotros nos vamos desmotivando y así es como volvemos al ser hombre, dejando
de darnos cuenta de los cambios de look.
Por eso, cuando lleguen a sus casas, hablen con sus mujeres y coméntenles
ésto pero diciéndoles que son como un perrito, que si querés que haga algo lo
vas premiando cada vez que lo logra.
Ovación, aplausos y gloria para Miguel Ángel.
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